Quiero dedicar este nuevo artículo de mi blog EL ESPACIO CELESTE al ghosting, término derivado del inglés cuya práctica estamos observando cada vez con mayor frecuencia entre los más jóvenes (y no tan jóvenes), sin sospechar las repercusiones a nivel psicológico y emocional que tiene en la persona víctima de este fenómeno. También indagaremos en por qué hay personas que lo practican, qué piensan y qué sienten para hacer esto.

 

El término ghosting proviene de la palabra anglosajona ghost, cuyo significado en castellano es “fantasma”, por lo que podríamos traducirlo como “hacerse el fantasma” o “hacer una espantada”. Esta práctica consiste en cortar de forma súbita y sin explicación toda comunicación con alguien, no contestando a los mensajes, correos ni llamadas, siendo más frecuente en el mundo de las redes sociales, especialmente en un contexto de flirteo o relación sentimental, pero también se puede dar en relaciones de amistad e incluso profesionales o laborales. Aunque esta práctica no es nueva, la inmediatez en la comunicación, así como la distancia física y emocional que proporcionan las nuevas tecnologías, hace más fácil que una persona desaparezca sin dejar rastro.

 

Otra variante del ghosting es el denominado slowfade, una versión suave de esta práctica, que consiste en desaparecer paulatinamente de la vida de la otra persona, dejando poco a poco de contestar sus mensajes, llamadas, etc. Siendo el fin el mismo que el del ghosting: desaparecer de la vida de la persona sin ninguna explicación.

 

Las consecuencias que este fenómeno tiene en la salud mental de quien lo ha sufrido son variadas, destacando la culpa y la angustia, ya que quién lo sufre no entiende qué ha hecho mal y qué ha sucedido para que la persona desaparezca de su vida sin dar explicaciones. También es frecuente sentir indefensión ante esta práctica, porque por más que la víctima intente contactar con esa persona y encontrar una explicación coherente, ésta no consigue respuesta alguna, impidiendo asimilar la pérdida o ruptura.

 

Otra consecuencia derivada de este fenómeno es el sentimiento de baja autoestima que deja en la persona que lo sufre, al sentirse abandonada, pudiendo también desarrollar sentimientos de cosificación o insignificancia. En casos más extremos, la víctima puede manifestar problemas de ansiedad y depresión e incluso hay personas que lo viven como un suceso traumático. También es frecuente, en fases posteriores, sentir emociones de rabia hacia la persona “desaparecida” o tristeza, e incluso miedo a sufrir este fenómeno en el futuro.

Al hablar de las posibles causas del ghosting, debemos tener en cuenta el factor cultural y social, y es que vivimos en la era de la inmediatez y, en muchos aspectos, de la comodidad. Por ello, muchas personas evitan enfrentarse a situaciones incómodas, que les genere malestar o para las que no se sientan preparadas, utilizando así la estrategia del silencio. Este es uno de los perfiles de personas que realizan el ghosting, ya que, al sentirse abrumadas, agobiadas o incluso al perder interés por la relación, utilizan estrategias de evitación de conflictos para no sentir vergüenza o ansiedad al cortar vínculos y al confrontar a la otra persona.

 

Otras personas emplean el ghosting como una estrategia de castigo, con la intención de hacer daño y utilizándolo como venganza, existiendo o no una causa real que pueda justificar esta actitud. En casos más graves, nos encontramos con personas que lo realizan para obtener y ejercer control sobre la otra persona, careciendo de empatía por cómo se pueda sentir la víctima.

 

Como conclusión, he de decir que el ghosting es una práctica que cada vez es más utilizada en nuestra sociedad. Debemos reflexionar sobre la realidad que subyace bajo esta práctica, y es que vivimos en una era donde nos estamos acostumbrando a la fugacidad, a la evitación y a la comodidad.

 

Como ejemplifica esta conducta, si algo o alguien no nos interesa o nos deja de interesar, cada vez es más frecuente no enfrentarnos a ello, simplemente evitando y desapareciendo, lo que implica repercusiones, tanto para quien lo sufre como para quien lo hace. Además de las posibles consecuencias que, como he explicado, puede tener para la víctima, esta práctica también implica consecuencias para quien lo realiza, y es que si no aprendemos a enfrentarnos a situaciones que nos generan malestar, a largo plazo careceremos de habilidades y herramientas para enfrentar situaciones de una forma asertiva, por lo tanto, ¿es el ghosting una forma de evitación o una forma de maltrato?.

 

Gema Chaparro

Psicóloga Sanitaria, Clínico EMDR y Directora de Vitamorfosis Psicología