En esta nueva entrada de El Espacio Celeste, quiero hablar sobre la adicción a las nuevas tecnologías, ya que vivimos rodeados de pantallas y cada vez nos apoyamos en la IA.
El teléfono móvil nos acompaña desde que nos despertamos hasta que nos acostamos, consultamos las redes sociales varias veces al día y utilizamos Internet para trabajar, estudiar, comprar o mantener el contacto con otras personas. La tecnología nos ha aportado enormes beneficios, pero su uso excesivo también puede convertirse en un problema.
En este artículo explico qué entendemos por adicción a las nuevas tecnologías, cuáles son sus principales señales de alerta y qué estrategias pueden ayudarnos a recuperar un uso más saludable.
¿Qué entendemos por adicción a las nuevas tecnologías?
La expresión adicción a las nuevas tecnologías se utiliza para describir un patrón de uso excesivo y difícil de controlar de dispositivos digitales, redes sociales, videojuegos o Internet que termina afectando al bienestar personal, las relaciones o el rendimiento académico y laboral. Es importante diferencia entre uso, abuso y adicción y la diferencia está en la necesidad incontrolable y la afectación de la vida de la persona.
Es importante señalar también que, salvo algunas excepciones como el trastorno por uso de videojuegos, reconocido por la Organización Mundial de la Salud, no todas estas conductas constituyen un diagnóstico clínico. Sin embargo, eso no significa que no puedan generar un importante impacto psicológico.
La clave no está en cuántas horas utilizamos un dispositivo, sino en cómo influye ese uso en nuestra vida cotidiana.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Aunque utilizar el móvil con frecuencia no implica necesariamente una adicción, cada vez más personas sienten que han perdido el control sobre el tiempo que dedican a las pantallas. Revisar constantemente las notificaciones, experimentar ansiedad cuando no se tiene acceso al teléfono o descuidar otras áreas importantes de la vida, son algunas señales de que la relación con la tecnología podría necesitar un cambio.
No siempre resulta fácil identificar cuándo un hábito saludable empieza a convertirse en un problema. Algunas señales que pueden indicar una relación poco equilibrada con la tecnología son:
- Pérdida de control: Intentas reducir el tiempo de uso, pero acabas conectándote más de lo previsto.
- Necesidad constante de revisar el móvil: Consultar notificaciones de forma automática (no poder controlar el impulso de mirar) incluso cuando no ha sonado, es un comportamiento muy frecuente.
- Malestar al desconectar: Sentir irritabilidad, inquietud o ansiedad cuando no se tiene acceso al teléfono o a Internet puede indicar una dependencia creciente.
- Descuidar otras áreas importantes: El uso de la tecnología comienza a interferir en el trabajo, los estudios, las relaciones personales, el descanso o incluso el ocio.
- Dificultad para concentrarse: Los cambios constantes de atención entre aplicaciones, mensajes y redes sociales pueden afectar a la capacidad de mantener la concentración durante periodos prolongados.
¿Por qué resulta tan difícil desconectar?
Las aplicaciones digitales están diseñadas para captar nuestra atención durante el mayor tiempo posible. Las notificaciones, la reproducción automática de contenidos o el desplazamiento infinito en las redes sociales activan mecanismos relacionados con la recompensa y favorecen que queramos seguir conectados.
Además, las pantallas también pueden convertirse en una forma de evitar exponernos a situaciones complicadas de la vida real y evitar emociones desagradables como el aburrimiento, la soledad, el estrés o la ansiedad. En estos casos, el problema no es únicamente el uso de la tecnología, sino la función que cumple en nuestra vida.

¿Cómo afecta el uso excesivo de la tecnología a la salud mental?
Cuando el uso de las pantallas desplaza otras actividades importantes, pueden aparecer diferentes consecuencias psicológicas. Entre las más frecuentes encontramos:
- Aumento de la ansiedad.
- Alteraciones del sueño (cuesta mucho dormir y/o el sueño no es reparador).
- Dificultades en la atención y en la concentración.
- Sensación de dependencia.
- Conflictos familiares y/o de pareja
- Disminución del tiempo dedicado al ejercicio físico o al contacto social presencial.
En adolescentes y niños, además, el uso intensivo de las redes sociales puede influir en la autoestima, la comparación social y la regulación emocional.
¿Cómo recuperar un equilibrio digital?
El objetivo no es eliminar la tecnología de nuestra vida, sino aprender a utilizarla de forma consciente, ya qye la tecnología con uso responsable es beneficiosa.
Algunas estrategias que pueden resultar útiles son:
- Establecer momentos sin pantallas: Reservar espacios del día para desconectar favorece el descanso mental.
- Desactivar notificaciones innecesarias: Reducir los estímulos constantes ayuda a disminuir la necesidad de revisar el teléfono de manera automática.
- Recuperar actividades presenciales: Practicar deporte, leer, pasear o compartir tiempo con otras personas contribuye a diversificar las fuentes de bienestar.
- Observar qué emociones aparecen y ser conscientes de ello: Preguntarse «¿por qué estoy cogiendo el móvil ahora?», “¿qué necesito?” o “¿qué podría ayudarme?”, puede ayudar a identificar si buscamos información, entretenimiento o simplemente escapar de una emoción incómoda.
- Dar ejemplo en casa: Cuando hay niños o adolescentes, el comportamiento de los adultos constituye uno de los modelos de aprendizaje más importantes.
¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?
Es recomendable consultar con un profesional cuando el uso de la tecnología genera un malestar significativo o interfiere de forma continuada en la vida cotidiana.
La terapia psicológica puede ayudar a identificar qué necesidades emocionales están detrás de este comportamiento y desarrollar estrategias para recuperar un equilibrio saludable.
En muchos casos no se trata únicamente de reducir el tiempo de pantalla, sino de aprender nuevas formas de gestionar el estrés, la ansiedad, el aburrimiento o la soledad.
En nuestro centro de psicología en Illescas acompañamos a niños/as, adolescentes y a adultos que desean mejorar su bienestar emocional y desarrollar una relación más saludable con la tecnología.
Conclusión
Las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida y ofrecen innumerables ventajas. Sin embargo, cuando ocupan un espacio excesivo y comienzan a desplazar el descanso, las relaciones personales o el bienestar emocional, conviene detenerse y revisar nuestros hábitos.
No se trata de demonizar la tecnología, sino de utilizarla como una herramienta a nuestro servicio y no permitir que termine condicionando nuestra calidad de vida. Recuperar el equilibrio digital es también una forma de cuidar nuestra salud mental.
La tecnología es un excelente sirviente, pero un amo peligroso. Christian Lous Lange.
Gema Chaparro
Psicóloga sanitaria, Clínico EMDR y Directora de Vitamorfosis Psicología.
Bibliografía
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