En esta nueva entrada de El Espacio Celeste, quiero hablar del “trauma oculto”, ya que cuando pensamos en un trauma psicológico, lo primero que nos imaginamos son acontecimientos como un accidente grave, una agresión o una catástrofe natural. Sin embargo, no todos los traumas tienen un origen tan “evidente” ni están vinculados a un único evento.
Existen experiencias que, sin parecer especialmente graves desde fuera, pueden dejar una profunda huella emocional y afectar a la forma en que una persona se relaciona consigo misma, con los demás y el mundo. A este tipo de experiencias se las conoce, de forma divulgativa, como trauma oculto.
Muchas personas llegan a consulta diciendo frases como: «No me ha pasado nada tan grave como para sentirme así» o «Mi infancia fue normal, pero hay algo que todavía me pesa» o incluso “no sé de dónde puede venir porque no me ha pasado nada tan grave en mi infancia”. En numerosas ocasiones, detrás de ese malestar encontramos experiencias emocionales repetidas que nunca fueron reconocidas como traumáticas y que la persona no identifica.
¿Qué entendemos por trauma oculto?
Aunque el término trauma oculto no constituye un diagnóstico clínico, se utiliza para describir aquellas experiencias que generan un impacto emocional significativo sin corresponder necesariamente a un acontecimiento excepcional o potencialmente mortal.
En psicología suele diferenciarse entre el trauma con «T» mayúscula, asociado a sucesos extremos, y el trauma con «t» minúscula, relacionado con experiencias cotidianas que, por su repetición o intensidad emocional, pueden alterar el desarrollo psicológico de una persona.
No es tanto el acontecimiento en sí mismo lo que determina si existe un trauma, sino la forma en que el sistema nervioso lo vive y la capacidad de la persona para afrontarlo en ese momento. Situaciones repetidas en el tiempo, van calando y mermando los recursos internos, sobre todo cuando ocurre en el período de la infancia.
¿Qué situaciones pueden generar un trauma oculto?
Existen múltiples experiencias que pueden dejar una huella emocional profunda y duradera, especialmente cuando ocurren durante la infancia o la adolescencia como comentaba anteriormente. Algunos ejemplos son:
- Crecer en un ambiente donde las emociones no eran validadas.
- Sentirse rechazado/a o poco importante de forma continuada.
- Recibir críticas constantes o ser objeto de expectativas excesivamente elevadas.
- Vivir conflictos familiares frecuentes.
- Experimentar negligencia emocional.
- Sufrir acoso escolar o exclusión social.
- Vivir con figuras de apego impredecibles o emocionalmente no disponibles.
- Haber asumido responsabilidades propias de un adulto siendo niño/a.
- Dificultad en la autoregulación por parte de las figuras cuidadoras, por lo que al no poder regularse emocionalmrnte ellas, no pueden regular las emociones del niñ@.
A menudo, estas situaciones pasan desapercibidas porque forman parte de la historia cotidiana de la persona, que puede llegar a normalizarlas, pero van calando en el niño como si se tratara de una estalactita que es erosionada lentamente por cada gota de agua.
¿Cómo puede manifestarse el trauma oculto?
Las consecuencias no siempre aparecen inmediatamente. En muchos casos, el malestar se manifiesta años después mediante diferentes síntomas psicológicos o dificultades relacionales, creando un caldo de cultivo que finalmente termina por explotar. Algunas señales frecuentes son:
- Baja autoestima: La persona puede sentirse insuficiente o creer que nunca hace las cosas lo suficientemente bien. Puede desarrollar una creencia interna profunda sobre sí misma de “no soy valioso/a” o “no soy suficiente”.
- Dificultades para confiar en los demás: El miedo al rechazo o al abandono puede dificultar el establecimiento de relaciones seguras.
- Necesidad constante de aprobación: Buscar validación externa puede convertirse en una forma de compensar inseguridades internas profundas.
- Hipervigilancia emocional: Existe una tendencia a permanecer en estado de alerta, interpretando determinadas situaciones como potencialmente amenazantes.
- Problemas para identificar o expresar emociones: Algunas personas aprenden desde pequeñas a desconectar de lo que sienten como mecanismo de protección.
El trauma oculto y el sistema nervioso
Actualmente sabemos que el trauma no solo afecta a los recuerdos, sino también al funcionamiento del sistema nervioso. Cuando una persona vive situaciones emocionalmente desbordantes sin disponer de recursos suficientes para afrontarlas, su organismo puede permanecer en un estado de alerta constante o, por el contrario, responder mediante desconexión emocional. Por este motivo, muchas reacciones que parecen «exageradas» tienen en realidad una función protectora aprendida tiempo atrás.
¿Por qué muchas personas no identifican su trauma?
Una de las características del trauma oculto es precisamente que suele pasar desapercibido. Es frecuente escuchar frases como:
- «Había niños/as que lo pasaban mucho peor»
- «No debería quejarme»
- «Tampoco es tan grave”
Reconocer el sufrimiento no implica culpabilizar a nadie ni comparar unas experiencias con otras. Significa comprender cómo determinadas vivencias han podido influir en el desarrollo emocional. Hay que tener en cuenta, que cada persona procesa las experiencias de manera diferente, con los recursos que tiene y puede desplegar en esos momentos vitales.
El papel de la terapia psicológica
La terapia constituye un espacio seguro donde explorar estas experiencias sin juicio y con el acompañamiento de un profesional. Dependiendo de las necesidades de cada persona, pueden utilizarse enfoques con evidencia científica como la terapia EMDR centrada en el trauma, terapia cognitivo-conductual, o terapia basada en el apego. El objetivo no es revivir el sufrimiento, sino integrar las experiencias para que dejen de condicionar el presente. En nuestro centro de psicología, ubicado en Illescas, acompañamos a personas que desean comprender el origen de su malestar emocional y recuperar una mayor sensación de bienestar y seguridad.
Conclusión
El trauma no siempre deja cicatrices visibles. En muchas ocasiones se esconde detrás de una autoestima frágil, una ansiedad persistente, dificultades en las relaciones o una sensación constante de no ser suficiente.Comprender que estas dificultades pueden tener un origen emocional no significa quedarse anclado en el pasado, sino abrir la puerta a un proceso de cambio y crecimiento personal. Reconocer el trauma oculto es, muchas veces, el primer paso para empezar a sanar.
No somos responsables de las heridas que recibimos, pero sí de cómo17 decidimos cuidarlas. Boris Cyrulnik
Gema Chaparro
Psicóloga sanitaria, Clínico EMDR y Directora de Vitamorfosis Psicología.
Bibliografía
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- Herman, J. L. (2015). Trauma y recuperación. Desclée de Brouwer.
- Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind (2nd ed.). Guilford Press.
- Levine, P. A. (2010). In an Unspoken Voice: How the Body Releases Trauma and Restores Goodness. North Atlantic Books.
- Schore, A. N. (2019). Right Brain Psychotherapy. W. W. Norton & Company.
