En este nuevo artículo de nuestro blog El Espacio Celeste, relativo al serial «las heridas del alma”, en el que exploramos distintos conceptos y situaciones relacionados con el trauma y el apego, quiero hablar sobre los límites y por qué hay personas a las que bien les cuesta mucho ponerlos, no saben hacerlo o, cuando lo intentan, aparecen emociones como el miedo o la culpa a generar un conflicto, a que la otra persona se enfade con nosotros/as o, incluso, a que deje de querernos. También hay veces que sabemos perfectamente que algo no nos hace bien, pero aun así nos cuesta poner freno y terminamos aceptando situaciones que nos incomodan, diciendo «sí» cuando queremos decir «no», o priorizando constantemente las necesidades de los demás sobre las nuestras propias. Si te sientes identificado/a con todo esto, te invito a leer este artículo para que puedas comprender el por qué te cuesta tanto poner límites y como puedes comenzar a trabajar con esta dificultad.

¿Qué significa realmente poner límites?

Los límites son una forma de expresar qué necesitamos, qué aceptamos y qué no estamos dispuestos a aceptar en una relación, situación, tanto en un contexto de pareja como en uno familiar, de amistad, laboral, etc. Los límites sirven para protegernos, no para controlar a la otra persona ni imponerle cómo debe comportarse, es decir, los límites saludables permiten cuidar las relaciones sin dejar de cuidarnos a nosotros mismos. Pero es importante distinguir entre poner límites saludables para cuidarnos y la falta de empatía hacia el otro/a, o imponer nuestra voluntad por encima de todo sin ceder un ápice.

¿Por qué me cuesta tanto decir que no?

Aunque no existe una única causa, la dificultad para establecer límites está relacionada con nuestra historia personal (por ejemplo, haber crecido en una familia donde no enseñaron a poner límites porque las fíguras de apego tampoco sabían ponerlos), nuestras experiencias de relación, el apego. Incluso en algunas personas, esta dificultad está vinculada con experiencias traumáticas vividas a lo largo de su vida. Dentro de todo esto, el miedo al rechazo tiene mucho que ver. Y es que para algunas personas, decir «no» puede activar pensamientos como:

  • «Va a pensar que soy egoísta.»
  • «Se va a enfadar conmigo.»
  • «Si no hago lo que necesita, dejará de quererme.»
  • «Tengo que estar disponible para los demás.»
  • «Mis problemas no son tan importantes.»
  • «Es mejor ceder que discutir.»

Cuando estas ideas aparecen de forma habitual, establecer límites puede generar culpa, ansiedad o una sensación intensa de incomodidad o de bloqueo que hace que la persona no pueda pero lo límites se pueden aprender a poner y es una habilidad que puede desarrollarse con práctica y experiencia en cualquier etapa de nuestra vida.

El papel del apego

Nuestra manera de relacionarnos con los demás está influida, entre otros factores, por nuestras experiencias de vínculo y apego. La investigación ha encontrado asociaciones entre determinados patrones de apego inseguro y dificultades relacionadas con la regulación emocional, la salud mental y la respuesta ante situaciones de estrés. Una persona con un estilo de apego más ansioso puede tener una preocupación intensa por perder el vínculo y buscar constantemente señales de aceptación. En este contexto, decir «no» puede sentirse como una amenaza para la relación. Por otro lado, una persona con tendencias más evitativas puede experimentar dificultades diferentes, como sentirse incómoda ante la cercanía emocional o tener problemas para expresar sus propias necesidades. Es importante recordar que el apego no es una etiqueta fija ni determina nuestra personalidad. Las relaciones y las experiencias posteriores también pueden modificar nuestra forma de vincularnos. También es necesario decir que, el poner límites, no significa no querer a otra persona, ya que a veces confundimos el amor con estar siempre disponibles para los demás. Sin embargo, una relación saludable no debería exigir que renunciemos constantemente a nuestras necesidades para conservar el vínculo.

¿Qué relación tiene el trauma con los límites?

Las experiencias adversas, especialmente cuando se producen dentro de relaciones importantes, pueden influir en la manera en que una persona aprende a relacionarse consigo misma y con los demás. Por ejemplo, alguien que durante su infancia aprendió que expresar enfado, desacuerdo o necesidades provocaba rechazo, aprende que poner límites es peligroso y desarrolla una estrategia de adaptación basada en complacer a los demás. En estos casos, evitar el conflicto pudo ser una forma útil de protegerse en aquel momento. El problema aparece cuando esa estrategia continúa funcionando muchos años después, incluso cuando la situación ya no representa un peligro. Esto no significa que todas las personas que tienen dificultades para poner límites hayan sufrido un trauma. Existen muchos otros factores, como la educación recibida, la personalidad, el contexto familiar, experiencias de pareja, presión social o falta de aprendizaje de habilidades sociales, entre otros.

Imagen de una margarita, que simboliza el autocuidado que uno aplica al poner un límite.


La relación de la autoestima con los límites

La autoestima también desempeña un papel importante a la hora de poner límites. Cuando nuestro autoconcepto y valía personal dependen excesivamente de la aprobación de los demás, podemos sentir que necesitamos agradar para sentirnos queridos/as o válidos/as. Por el contrario, una autoestima más saludable, facilita reconocer que nuestras necesidades también importan y por consecuencia, el priorizarse.


¿Cómo empezar a poner límites de forma saludable?

Poner límites es una habilidad que puede aprenderse y entrenarse en cualquier etapa de la vida. Uno de los pasos necesarios es reconocer esta dificultad y saber de dónde puede venir. Algunas estrategias que pueden ayudarte son las siguientes:

  • Identifica qué necesitas. Antes de comunicar un límite, intenta reconocer qué situación te incomoda y qué necesitarías para sentirte mejor.
  • Empieza por poner límites pequeños. No es necesario cambiar todas tus relaciones de golpe. Practica con situaciones cotidianas, puede ayudarte a ganar seguridad.
  • Habla desde tus necesidades. Frases como «yo necesito…», «prefiero…» o «ahora mismo no puedo…» suelen resultar más claras que entrar directamente en acusaciones.
  • Acepta que puede aparecer culpa y miedo. Sentirse culpable después de poner un límite no significa necesariamente que hayas hecho mal.
  • Observa cómo responden los demás. Una persona puede sentirse decepcionada ante un límite y aun así respetarlo. El respeto mutuo no implica que nunca exista incomodidad. También va a ver personas que no les guste o les cueste aceptarlo, pero ello no significa que tu estés haciendolo mal.

En algunos casos, cuando estas dificultades están profundamente relacionadas con experiencias traumáticas, problemas de autoestima o patrones de apego interiorizados que generan sufrimiento, la terapia psicológica puede proporcionar un espacio seguro para comprender de dónde proceden estas respuestas y desarrollar nuevas formas de relacionarnos y aprender a poner límites y cuidarnos.

Conclusión

Preguntarnos «¿por qué me cuesta poner límites?» puede ser el primer paso para comprender que detrás de un «sí» que realmente quería ser un «no» puede haber mucho más que falta de carácter. Puede existir miedo al rechazo, necesidad de aprobación, baja autoestima, dificultades de regulación emocional o aprendizajes adquiridos a lo largo de nuestra historia. Comprender el origen de estas dificultades no significa quedarse atrapado en el pasado. Al contrario: puede ayudarnos a reconocer qué estrategias fueron necesarias en otro momento y cuáles ya no necesitamos mantener.

Porque poner límites no significa querer menos a los demás. También significa aprender a cuidar la relación que tenemos con nosotros mismos. En nuestro centro ubicado en Illescas (Toledo), Vitamorfosis Psicología🦋, trabajamos para ayudarte a saber poner límites y cuidarte así como a trabajar con las experiencias traumáticas relacionadas con ello.

Gema Chaparro
Psicóloga Sanitaria, Clínico EMDR y Directora de Vitamorfosis Psicología

La libertad es la capacidad de decir que no. Erich Fromm

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